sábado, 19 de mayo de 2018

EL PASEO DE LAS CADENAS EN UNA NOCHE DE LUNA

Nada hay tan hermoso, nada tan apacible como una de esas noches serenas en que la luna derrama su luz melancólica; cuando el firmamento se ostenta límpido como un espejo, y el céfiro pliega sus alas temeroso de turbar el silencio! El alma parece que se desata de los lazos que la sujetan a la tierra y vuela al cielo como el perfume que se exhala de las flores.

¡Una noche de luna! Hay algo de misterioso y de poético en esa luz plateada, sin calor, sin brillo, que baña la tierra en medio del silencio y de la paz nocturna, como la mirada de una madre que vela el sueño de sus hijos.

Aristocracia
¡Una noche de luna! Es la hora en que despiertan las imaginaciones poéticas; en que las flores más delicadas abren sus cálices; en que los amantes se reúnen para confundir sus castos suspiros; en que gime la tórtola enamorada; en que la solitaria virgen entreabre sus labios para aspirar el aura; en que las almas de los que nos amaron viene tal vez a acariciar nuestra frente con el soplo que pasa!

¡Una noche de luna! Hora de calma en que el corazón que sufre siente poco a poco adormecerse sus dolores; hora de silencio, en que a medida que se desvanecen los rumores del mundo, se dejan escuchar las voces del alma... ¡Hora de paz, de amor, de consuelo!

¡Oh! ¿Cómo queréis que os pinte ese espectáculo indefinible?... Si amáis, si sufrís, si experimentáis ese horrible vacío de un corazón que no encuentra el bien que espera, huid de este mundo, que no tiene más que alegría estrepitosa y brutal, e id a llorar en el silencio de la soledad... Si esa luna baña con su luz nuestra frente, entonces comprenderéis su encanto...

Escándalo popular
Los paseos a la luz de la luna, tienen cierto aspecto original y melancólico. En México el único concurrido a esas horas es el de las Cadenas.

En torno del atrio de nuestra magnífica Catedral, cuyas torres veis ahí levantadas erguidas y majestuosas, al píe de las cadenas, que lo cierran en medio de un ancho y elegante embaldosado, hace algunos años se plantaron de trecho en trecho fresnos que han crecido y hoy ofrecen una sombra hermosa y apacible.

Al píe de estos árboles tienen costumbre nuestras hermosas paisanas, de ir a pasear en las noches de luna, que son bellísimas bajo nuestro cielo. Este es el paseo de la clase media, que participa del lujo de la superior, pero no tiene todos sus hábitos.

Florencio M. del Castillo


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