jueves, 24 de mayo de 2018

TACUBAYA

Así como los castillos y casas señoriales de la nobleza europea, necesitan para ser completos, de un parque y de un jardín, así también las ciudades, cuando llegan a cierta extensión y antigüedad, necesitan de sus grandes parques y de sus jardines, en que la población vaya en los días de ocio a olvidar la turbulencia y fatiga de la ciudad, y a recobrar una vida con el aire puro y embalsamado de los campos.

México tiene por parques los bosques inmensos de las montañas que le rodean, y por jardín un valle de más de diez leguas de extensión, Parece que Dios estaba en la plenitud de toda su bondad, con un amor singular hacia esta parte del mundo, cuando crió el valle de México.

En este extenso valle y en el centro profundo de estos bosques, en las cercanías del lago que dividía los dos célebres y poderosos imperios de Texcoco y de Anáhuac, se eleva la nueva ciudad fundada por los españoles; y demasiado grande y hermosa para la poca vida y las muchas desgracias que cuenta. Cerca de esa grande y desarrollada matrona, hija sangrienta de Hernán Cortés, se desarrollan a su sombra y amoroso abrigo multitud de pueblecitos pintorescos, que con el tiempo formarían un conjunto prodigioso e increíble, parecido a la metrópoli de la Gran Bretaña.

Tacubaya, como todos los pueblos de los indígenas, estaba formado de casas pequeñas de adobe, con sus extensos corrales sembrados de magueyes; pero en poco tiempo han desparecido como por encanto la mayor parte de esas construcciones, y en su lugar se han levantado unas verdaderas villas italianas. Hoy es el lugar que con un poco de aseo y de gasto por parte del gobierno para componer las calles, sería muy semejante a esos tranquilos y bellísimos pueblecillos de las cercanías de Londres, donde la aristocracia del comercio tiene sus casas de campo y sus jardines.

Las casas más notables son la de Jamison, la de Escandón, la del conde de la Cortina, la de Bardet, la de Iturbe, la de Carranza, la de Algara, la de Laforgue, la del finado Sr. Herrera, y algunas otras.

Camino
a Tacubaya
La casa de Jamison, única, según creo, que de su género existe en la República, fue construida absolutamente al estilo inglés. A la entrada del parque está una preciosa casa rústica pintada de encarnado. Fue destinada para el jardinero y portero; pero es tan bonita y tan aseada, que hasta los embajadores extranjeros han vivido en ella largas temporadas.

La casa del Sr. D. Francisco Iturbe es notable por su grande extensión, por la regularidad de su fachada, que forma arriba del puente la continuación de la calle real, por sus comodidades interiores y sobre todo, por un jardín de naranjos que se encontrará con dificultad en ninguna parte de tierra fría.

El jardín del Sr. Bardet, es sin duda uno de los más hermosos y bien cultivados de Tacubaya. Participa de ese arreglo un poco monótono y forzado de la antigua jardinería francesa, al mismo tiempo que de ese desorden, hijo de la naturaleza y de la exuberante vegetación que se nota en las huertas mexicanas. Esta mezcla le da un carácter tan alegre y tan singular, que difícilmente se encuentra a alguna otra parte. Todo este jardín, que tiene sus bosques, sus grutas y montecillos artificiales, sus palmeros, sus árboles del monte y sus flores y arbustos europeos, es obra casi exclusiva del trabajo personal del Sr. Bardet. En ninguna parte como en Tacubaya, se puede conocer lo que en un clima benigno, como el de México, vale la inteligencia en la agricultura y jardinería, y el trabajo bien aplicado y dirigido.

Los jardines de los Sres. Flores, del Sr. Escandón, del Sr. Bardet y otros, eran, hace muy poco tiempo todavía, unos terrenos ingratos donde crecían unos cuantos magueyes.

Lo que sobre toda ponderación despierta el interés y la curiosidad, es la casa del Sr. Manuel Escandón.

La entrada es por una elegante portada con su puerta y su enverjado de hierro. A la izquierda está una casa rústica pequeña, y pintada de encarnado, como las que se encuentran en las campiñas de Inglaterra. Una calzada de chopos y fresnos ya muy crecidos, y que dan el aspecto entre sombrío y majestuoso, conduce hasta un extenso terrado circular, donde está construida la casa. Un peristilo corintio, son su enlosado de mármol de Génova, sostiene el segundo cuerpo de la casa. Las entradas, por los lados izquierdo y derecho, la forman dos pórticos también corintios. En la espalda, y unidos solamente por un pasadizo, se encuentran las habitaciones para los criados, las caballerizas y las cocheras.

En lo anterior, el patio está cerrado con una cúpula de cristal, y unas columnatas de cantería, estucadas primorosamente, sostiene cuatro alas de portería y corredores. El salón, comedores, billar, antesala y cocina, están al estilo inglés, en el piso bajo. Las recámaras, baños y tocadores, todo con su debida separación e independencia, están en el piso alto. El patio sirve de una especie de elegante foyer, alumbrado en las noches por un candelabro de bronce dorado, que sostienen tres figuras del tamaño natural.

Mansiones y jardines en Tacubaya

La arquitectura, pinturas, adornos y pormenores de la casa están hechos a todo costo, y del gusto y estilo más modernos, y son por cierto dignos de atención; pero sorprenden mucho más los muebles, servicio menaje de las habitaciones. Las paredes, en el patio, corredores, billar y recámaras, están cubiertas de pinturas. El Sr. Escandón adquirió la galería perteneciente al Sr. De la Cortina, que es la más abundante y completa de las colecciones que existen en la República. Tiene en verdad algunas pinturas anónimas de poco mérito; pero en compensación posee algunas originales de Pablo Céspedes, Alonso Caro, Cabrera, Tenard, Gerardo Dow y otros, muy buenas copias de Rafael, Ticiano y Corregio. Es una pérdida para el arte que no estén colocados estos cuadros por su orden histórico en una galería especial.

Al costado de la casa está el invernáculo, donde se encuentra una abundante colección de parásitas y de orquídeas, dignas del estudio de los que se dedican a la botánica.

Alrededor de las casas y del invernáculo se hallan el parque o bosque, que con el tiempo será espeso y pintoresco, como un sitio primitivo; el jardín, lleno de flores variadas y exquisitas: la hortaliza y los prados, todo salpicado de fuentes de agua clara, de cenadores y quioscos, cubiertos de yedra y madreselva, de asientos cómodos donde reposar, a la sombra de los piñones, cipreses y fresnos, gozando a la vez de la vista deliciosa de aquella mansión, y de la escena grandiosa y magnífica que descubre la vista cuando reposa en el horizonte, y ve a la alegre y luminosa México tendida al pié de la gigantesca Mujer blanca.

En la huerta y parque hay un precioso baño y un extenso estanque, de tres varas de profundidad; donde los aficionados a la natación y al sistema hidropático pueden pasar largas horas de ese terrible y frío placer que siente el cuerpo con el contacto del agua. Hay también un tiro de pistola, un juego de bolos, un tren de caballos y carritos para los niños, una extensa pajarera, que en breve estará llena de faisanes dorados y de las aves más exquisitas, y un estanque a flor de tierra donde constantemente viven y juegan patos, ánsares, y sobre todo, unos cisnes blancos de Inglaterra y cisnes negros, con su pico y sus ojos rojos, de la lejana tierra de Australia.

No solamente en México, sino en Inglaterra y Francia, donde tanto abundan los catillos y residencias campestres, la casa del Sr. Escandón sería notable.

Edificios como la casa que acabamos de mencionar, la de Jamison, la del Sr. Terán, la de los Sres. Rubio y Sáyago en México, son verdaderamente monumentos que embellecen la ciudad, que sirven de recreo a todo el público, que despiertan la curiosidad y llaman la atención de los viajeros y que dan una idea muy aventajada de nuestro gusto y civilización.

Calle Real
en Tacuabaya
Siguiendo toda la tapia de la huerta del Sr. Escandón, se asciende suavemente una colina, hasta que se llega a una ancha plataforma. En ella están muchos años hace, edificados el convento de religiosos de San Diego y el gran palacio de los arzobispos; edificios de un aspecto imponente y feudal, que domina la población como una ciudadela, y que tiene piezas y corredores extensos y espaciosos como los antiguos castillos.

Tacubaya, en la actualidad tiene, como hemos dicho, un convento de religiosos de San Diego y una iglesia parroquial, una plaza de mercado, un pequeño portal, un cuartel de caballería, recientemente construido, y una escuela, que pronto estará concluida.

La plaza, que hace poco tenía solamente una calzada de fresnos, se ha convertido en una pequeña, pero primorosa alameda, con su fuente en el centro y sus jardines plantados de flores y arbustos, cuyo cultivo está a cargo de algunas familias que se hallan radicadas en la población. En las noches un alumbrado, aunque en menor escala, superior al de México, da a esta población un aspecto severo a la vez que agradable, como lo tienen todas las poblaciones mixtas, que participan de la elegancia de las ciudades y de la rusticidad del campo.

Tacubaya existía antes de la venida de los chichimecas al país de Anáhuac; su nombre indio era Atlacoloayan, que significa lugar donde tuerce un arroyo. Durante mucho tiempo su población fue tan considerable que llegó a 15,000 habitantes. En la actualidad contiene 5,000, y cosa de 1,500 de más en la estación de verano. Es la cabecera de una prefectura, y tiene su juzgado de letras y su ayuntamiento, compuesto de un presidente y seis regidores.

Su clima es uno de los mejores del mundo, y prueba perfectamente para la curación de lagunas enfermedades y la convalecencia de casi todas. Lo seco del terreno, la muy buena ventilación, las aguas delgadas y sabrosas que posee, y el oxígeno de la multitud de árboles que ya hay plantados y crecidos, son condiciones todas necesarias para conservar la salud. Tacubaya reemplaza algunas veces a la capital, pues en ella ha residido algunas temporadas el jefe de la República, en el palacio arzobispal. Entonces el tráfico y el movimiento aumentan de tal manera, que cincuenta o sesenta carruajes se emplean diariamente en el camino, que está tan concurrido a todas horas del día y de la noche, como las calles principales de la ciudad.

El camino es además de hermoso y pintoresco, muy bueno, especialmente ahora que se ha terminado la reposición de una de las calzadas desde la garita hasta el bosque. Tacubaya dista de México cosa de 7,000 varas; pero con el tiempo llegará a ser el más hermoso barrio de la metrópoli del Nuevo Mundo.

Manuel Payno



¡COMPARTIR ES EL MEJOR REGALO QUE ME PUEDES HACER!


No hay comentarios:

Publicar un comentario