lunes, 28 de mayo de 2018

CALLE DEL PUENTE DE ROLDÁN

Ese canal que visteis tan alegre y hermoso en el Paseo de la Viga, presenta aquí un aspecto triste y desagradable: es que ahí le veíais extenderse gozoso en medio de campos esmaltados de verdura y flores, correr a través del valle de México, y aquí le tenéis aprisionado, comprimido entre edificios de poco gusto, antiguos y sombríos. Las aguas no son ya cristalinas y corrientes: las veis estancadas, negras, inmundas, pues esa parte del canal es el desagüe de todos los albañales del barrio.

Este canal es, sin embargo, muy concurrido; pero no por gente que busca el placer y el aire puro, sino por los vendedores de todas clases.

Mercado
Puede decirse que la calle del Puente de Roldán es el verdadero muelle del canal, el sitio donde se hacen todos los contratos; y sabido es que las mercancías que entran por agua son muy considerables, pues además de los productos de las haciendas y poblaciones vecinas, todos los efectos que vienen de la tierra caliente por Cuernavaca, cortan el camino para venirse por agua desde Chalco.

Desde la aurora hasta poco antes del mediodía, el comercio es muy activo en esa calle: todos los mercaderes de frutas, legumbres, flores, etc., que después se sitúan en los mercados, concurren aquí a hacer sus compras.

Las mercancías vienen en canoas conducidas a fuerzas de remos, y los vendedores son todos indígenas. Se ha pensado introducir la navegación por vapor en el canal; pero este proyecto ha tropezado siempre con inconvenientes que impiden su realización.

Este mercado tiene también su época en que toma una fisonomía particular. En tiempo de cuaresma, todos los viernes por la mañana el comercio de flores se reanima extraordinariamente. Pero el día que no tiene rival, es el Viernes de Dolores.

Calle de Roldán
En este día todas las canoas se convierten en jardines: las chinampas se despojan entonces de todas sus flores, pues hay en México las costumbres de poner un altar a la Virgen, altar que no falta ni en casa de los ricos, ni en la más pobre accesoria.

El desembarcadero de la calle de Roldán se transforma esa mañana en paseo, y con verdad causa asombro contemplar la inmensa cantidad de flores que se expenden.

El resto del día el canal permanece solitario, lamiendo los pies del convento religioso de la Merced, que se levanta austero y sombrío como una fortaleza, corriendo al pie de casas de mezquina apariencia; y solamente hasta en la tarde vuelve a renovarse el movimiento, a la hora en que las canoas cargadas de efectos, regresan a Iztacalco, a Mexicaltzingo, o a Chalco.

F. González Bocanegra


¡COMPARTIR ES EL MEJOR REGALO QUE ME PUEDES HACER!


No hay comentarios:

Publicar un comentario