domingo, 13 de mayo de 2018

PLAZA DE SAN JACINTO

No hay exageración alguna al asegurar que la ciudad de México está rodeada de jardines. Es la Sultana de Nuevo Mundo, reclinada sobre un lecho de flores. En efecto, si exceptuamos el rumbo del Peñón de los Baños, en donde la proximidad de las lagunas de agua salada ha impreso cierta esterilidad al terreno, todo lo demás es pintoresco, exuberante, fértil hasta la prodigalidad. Abrigado el Valle por las montañas que lo circundan, goza de una perfecta primavera, de un verdor constante.

Debido a estas causas la ciudad esta circundada de multitud de pueblecillos y aldeas hermosísimos, que son verdaderos lugares de recreo. Hacia cualquier punto que dirija la vista, aún desde las azoteas de la casas de la ciudad, se perciben luego las arboledas, los mil jardines, y en medio de esta naturaleza encantada, las casas blancas de los campesinos, o las suntuosas quintas de nuestros capitalistas.

Habitantes
de San Ángel
San Ángel es uno de esos pueblos de que hablamos, pero evidentemente el más notable, exceptuando Tacubaya; se halla a tres leguas de distancia de México, y está situado sobre unas colinas en anfiteatro. Su posición es agradable y tiene edificios muy buenos, entre los cuales debe mencionarse el convento de religiosos carmelitas que llama la atención de los extranjeros.

No se puede asignar con exactitud la época en que comenzó a formarse este pueblo. Parece que un tiempo era una ermita a la cual eran enviados los religiosos de la orden enfermos. Poco a poco la salubridad del lugar y la devoción atrajeron a la gente, y la ermita se convirtió en un magnífico convento y surgieron en torno suyo las casas y los edificios. Esta es la historia de muchos pueblos.

El pueblo de San Ángel abunda en puntos de vista admirables y tiene paseos muy bellos. La entrada, por Chimalistac, en donde se ve la antigua capilla que representa la lámina, tiene un aspecto imponente. El Paseo del cabrío de las rocas y la cascada del río llaman la atención de todos los amantes de lo bello.

Fuente de
la Plaza
El terreno en que está edificado el pueblo es volcánico y sin embargo muy fértil. Se ven aún las capas hirvientes de lava que el tiempo ha enfriado.

Durante el estío, San Ángel pierde el aire de soledad que conserva durante las otras estaciones, para convertirse en un lugar tan animado como pueden serlo los famosos baños de Bade. Las familias mejor acomodadas de la capital, concurren a pasar ahí la temporada, y ocupan hasta las chozas de los indígenas. Reina la mayor familiaridad entre las familia que mudan de temperamento, como se dice vulgarmente. Se improvisan paseos, bailes campestres, y por la noche no falta punto de reunión en donde los jóvenes bailan o hablan de amores, y los ancianos y las mamás juegan; ¡triste costumbre heredada de nuestros antepasados!

San Ángel ha sufrido mucho durante las epidemias de cólera. La de 1833 asoló casi la población. De poco tiempo a la fecha la población progresa y no dudamos que antes de pocos años llegue a adquirir cierta categoría.

José M. González


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