sábado, 13 de octubre de 2012

TEOGONÍA SUMERIO-ACADIA

La complejidad religiosa de los pueblos mesopotámicos no permiten analizar aquí todos sus aspectos, por lo cual, tomando en cuenta las limitaciones de estos espacios de divulgación, se busca señalar aquellos rasgos de mayor importancia, que permitan tener un panorama lo suficientemente amplio, para acercar al lector no especializado a los textos literarios de estas antiguas culturas, permitiéndole una mejor comprensión de las mismas.
Antes que cualquier otra cosa es importante hacer mención “que la religión sumeria presenta serios problemas de identidad y aún de contenido”, a causa de que las visiones religiosas de los sumerios y los acadios se sincretizaron de tal forma “que hoy por hoy es muy difícil aislar las particularidades religiosas específicas de cada grupo étnico-social” (Lara, 1988, pp. XIX-XX). Por esta razón, se tratará como una sola la estructura teogónica que surgió de la unión de ambas culturas. En el periodo Neosumerio es cuando se elabora un panteón unitario con genealogías y sucesiones de dioses, ya que anteriormente había prevalecido una organización localista, en la cual cada ciudad-estado tenía su propio dios titular y hacía a un lado a las divinidades de los demás centros urbanos.
Ziggurat de Nippur
La estructura teogónica sumerio-acadia fue el resultado de todo un proceso de evolución y por lo tanto han llegado a nosotros diferentes tradiciones, que intentaban explicar la concepción cosmogónica elaborando diversos panteones, según la ciudad-estado donde se realizaban, que presentan variaciones en las relaciones genealógicas entre las divinidades. De esta manera, en la actualidad, se conocen tres tradiciones teogónicas provenientes de las ciudades mesopotámicas de Shuruppak, Uruk y Nippur; sin embargo la creada en esta última urbe fue la que prevaleció sobre las otras dos, ya que “Nippur era el centro religioso más importante de los sumerios [y] aunque […] la ciudad no fue sede de una dinastía importante alguna, los soberanos de otras ciudades consideraban que el dominio de Nippur confería el derecho a dominar todo Sumer y Akkad” (Roaf, 2005, p. 79).
La teogonía proveniente de Nippur hablaba que antes de que todo se originara, sólo había un Océano Primordial personificado en Nammu. Los teólogos sumerio-acadios nada dicen de su origen ni de su nacimiento y es muy probable que concibieran su existencia como eterna. En las entrañas de este mar prístino se produjo la Montaña Cósmica, compuesta por el cielo y la tierra unidos, entremezclados. Estos dos elementos originarios fueron concebidos como dioses con forma humana y dotados con una personalidad propia: el cielo fue llamado An y la tierra Ki (dentro de la tradición creada en Nippur a ésta última se le conoce como Antu). De la unión de ambos nació el aire, elemento personificado por el dios Enlil. Éste, una vez nacido, “separó el cielo y la tierra, y, mientras su padre An se llevaba el cielo, por su parte, Enlil se llevaba la tierra, su madre. La unión de Enlil y de su madre, la Tierra, dio origen al universo organizado: la creación del hombre, de los animales, de las plantas y el establecimiento de la civilización.” (Kramer, 1985, p. 75).
Una vez separados el cielo y la tierra, el verdadero demiurgo, quien organizó el universo, quien creo a los animales y a las plantas a través de la unión con su madre; quien formó al hombre y estableció la civilización, fue Enlil. Luego, para dar luz al mundo, el cual se encontraba en completa penumbra, procreó con su consorte Ninlil, elemento divino del mismo componente, al dios luna Nanna; quien a su vez, unido a su esposa Ningal, concibió a Utu, el sol. Por otra parte Enlil y Ninlil también originaron las aguas dulces, benéficas para toda forma de vida y distintas del Océano Primordial, de las cuales el dios regente era Enki, en sumerio, o Ea, en acadio. A su vez Nanna y Ningal también dieron vida a la diosa Inanna, encargada de regular la procreación entre todos los seres vivos.
Muy complicado resulta describir las relaciones genealógicas presentes dentro de la teogonía sumerio-acadia, por lo cual presento el siguiente cuadro, donde se podrá analizar con mayor claridad, la sucesión de divinidades que conforman el panteón concebido por estos dos pueblos.
Teogonía Sumerio-Acadia
Los sumerios y los acadios imaginaron a todas sus divinidades con formas, sentimientos y actitudes propias de los seres humanos, esto es “bebían, comían, sufrían, amaban, estaban tristes o de buen humor, odiaban o se sentían caritativos, repitiendo así, en suma, las cualidades y pasiones humanas. No obstante, y en razón del respeto a la divinidad, los consideraron muy superiores tanto a nivel físico, como a nivel intelectual u operativo” (Lara, 1988, p. XXI).
La teogonía perteneciente a estas dos culturas estaba compuesta por un número considerable de deidades, que exigió a los sacerdotes catalogar de forma sistemática tan amplia cantidad de seres divinos. Así pues, se ha conservado hasta nuestros días la Lista de Genouillac, hallada en las ruinas de la ciudad de Nippur, en donde se recogen los nombres de 473 dioses. De todos ellos los “más significativos fueron los pertenecientes a sus dos tríadas, mientras que el resto […], si bien también algunas muy significativas, se hallan ya muy lejos de aquéllos en importancia” (Lara, 1988, p XXV).
La primera de las tríadas tenía un carácter primordial, pues se componía por aquellos dioses que participaron en mayor o menor medida en la creación y organización del universo; así en ella se encontraban An, Enlil y Enki quienes regían el cielo, el viento y las aguas dulces. La segunda tríada poseía propiedades de tipo astral y estaba formada por Nanna, Utu e Inanna, divinidades simbolizadas por la luna, el sol y el planeta Venus, astros íntimamente relacionados con los ciclos de la naturaleza.
Considero conveniente dar a conocer los rasgos propios de estas seis divinidades, con el propósito de facilitar al lector no especializado su acercamiento a la teogonía sumerio-acadia y que ésta le resulte más familiar; como ocurre con otros sistemas teogónicos, a saber: el griego, el romano y el egipcio, de los cuales nombres como: Zeus, Venus, Poseidón, Atenea, Apolo, Diana, Osiris, Horus e Isis, tienen una mayor presencia en la mentalidad del hombre occidental posmoderno. Así pues, presento a continuación una breve semblanza de los dioses que conforman las dos triadas mencionadas y a ellos agrego aquellas otras deidades mesopotámicas que tengan una relevancia significativa.

An

Estrella de ocho rayos
símbolo de An


Nombre que significa «Cielo». Dios primigenio que surgió de las aguas del Océano Primordial, junto con su contraparte Ki «Tierra», entremezclados como la Montaña Cósmica a partir de la cual se creó todo. Era representado por una estrella de ocho rayos, su atributo es la tiara real, adornada con siete cornamentas de toro, emblema de todo el poder, y era quien encabezaba el panteón divino, siendo considerado “Dios supremo” o “Padre de los dioses”. La ciudad de Uruk fue su principal centro de culto y donde se encontraba un gran santuario llamado Eanna «Casa del cielo».
An tiene una participación de suma importancia en el mito de la creación del universo. Como ya se ha mencionado anteriormente, antes de que existieran todas las cosas, había sólo en el universo las agitadas aguas primordiales, personificadas en Nammu; de éstas surgieron él y su consorte, como una alta montaña formada por el cielo y la tierra íntimamente entrelazados. De la unión de estas dos potencias originarias nació Enlil, quien los separó: An se elevó y formó la bóveda celeste y Ki descendió y fue el cimiento firme del universo.
“Astronómicamente, estaba asociado con el «Camino o Sendero de An», región de la bóveda celeste coincidente con el Ecuador. Posteriormente se definiría dicha región como el espacio entre los dos trópicos” (http://www.elarcondeclio.com.ar, recuperado junio 14, 2012). Por otra parte, también era asociado con el número 60, “base del sistema de cálculo sumerio y por lo tanto símbolo de la totalidad” (Lara, 1988, XXV).

Enlil

Enlil
El significado del nombre es «Señor del viento». Dios que regía sobre la tierra y el éter, simbolizando así a las fuerzas de la naturaleza. Hijo de An, el cielo, y Ki o Antu, la tierra. Por ser un dios considerado más cercano a las personas, con el tiempo superó en importancia a su padre, sustituyéndolo como deidad suprema, por lo cual fue llamado «Padre de los dioses», «Rey del Universo», «Rey del cielo y de la tierra» y «Rey de los países extranjeros». En la mitología sumerio-acadia él habitaba en la cumbre de la montaña que ascendía al cielo y que era llamada Kurgal «Gran montaña». El principal templo donde recibía culto era el Ekur «Casa de la montaña» en la ciudad de Nippur, teniendo también un recinto en Lagash. Las imágenes iconográficas con las cuales era representado son: una corona de siete cuernos sobre un altar o por siete estrellas (las Pléyades).
En la estructura teogónica sumerio-acadia nace de la unión de los dos elementos primigenios: el cielo y la tierra, ligados estrechamente ambos y formando la Montaña Cósmica que surgió del vientre turbulento de Nammu. Una vez nacido separa a An y a Antu, llevándose consigo a su madre, con quien se une, para que de ella surjan todas las plantas y los animales. Su esposa es Ninlil «Señora del viento» y con ella procreó a los dioses Nanna, dios de la luna y el primogénito; Enki, dios del fundamento, la sabiduría y la magia; Ebilulu, Nergal y Ninazu, divinidades del inframundo; Ninurta, dios de la guerra y de la caza, e Ishkur, dios de la tormenta y de las lluvias.
Enlil y Ninlil
(relieve en Susa)

Como ya se ha mencionado anteriormente, Enlil tiene una participación importante en la cosmogonía sumerio-acadia, al punto de ser considerado el verdadero demiurgo de la creación y ordenamiento del universo. Otro de los mitos relevantes donde tiene participación es: Enlil y Ninlil, donde se relata como este dios sorprende a la núbil deidad bañándose en el Canal Principesco de la ciudad de Nippur y atraído por su juventud y belleza, la toma sin su consentimiento; de este primer encuentro nace Nanna. Molestos los dioses celestes, por tan innoble acción, deciden expulsarlo de Nippur. Él parte y se dirige al mundo inferior, a donde Ninlil lo sigue. En este lugar el «Rey del Universo» se hace pasar por el portero del inframundo en tres ocasiones, mismas que le permiten copular, mediante engaños, con ella. De estas uniones nacen Ebilulu, Nergal y Ninazu.
Este dios aparece también en el Mito del diluvio, como parte del consejo de divinidades que decretan la destrucción de la humanidad. En la tradición babilónica se le atribuirá a él la decisión absoluta de este hecho. En Descenso de Inanna al mundo inferior, Ninshubur, el siervo fiel de la diosa de la fertilidad, acude al Ekur, el templo de Enlil en la ciudad de Nippur, buscando su ayuda, para vivificar el cuerpo de su señora; sin embargo éste no hace caso y Ninshubur continua su peregrinar buscando auxilio entre las demás deidades.
“Astronómicamente era asociado con el «Camino de Enlil», región del cielo al norte del ecuador celeste, […] coincidente con el Trópico de Cáncer. También se le relacionó con las Pléyades (Mul-mul, en sumerio) y con el planeta Júpiter” (http://www.elarcondeclio.com.ar, recuperado junio 14, 2012). Tuvo una valoración numérica de 50 en el sistema sexagesimal sumerio, estando sólo por debajo de An. Como «Rey del cielo y de la tierra» se le concedió la posesión de los me, fuerzas divinas, normas y reglas “que regían toda la existencia, así como el imperio de la ley, la fijación del destino y el interés por las gentes” (Lara, 1988, p. XXVI). Por esta razón él era quien investía de poder a todos los reyes.

Enki

Motivo de un cilidro-sello
con la figura de Enki
El sentido del nombre es «Señor del fundamento». Dios de la sabiduría, la magia y la técnica en todas las facetas del quehacer humano: la construcción, la orfebrería, la alfarería, la agricultura, las artes, etc. Reina en el Abzu, océano mítico sobre el que reposa la tierra, y fue el creador de la humanidad en compañía de Ninhursag. Su principal centro de culto fue el Eabzu localizado en la ciudad de Eridu, pero también contaba con templos en Kish, Umma y Lagash. “En la iconografía tradicional era representado por una cabra-pez o por una figura masculina portando o vertiendo agua” (http://www.elarcondeclio.com.ar, recuperado de junio 14, 2012).
Dentro de la teogonía sumeria es hijo de Enlil y Ninlil y tiene por esposa a Ninsar, llamada Ninki «Señora de la tierra» tras tomarla como su consorte. En diversos mitos Enki sostiene relaciones amorosas con otras diosas, como: Ninhursag, Ninkurra, Uttu, Ningikuga, Ninsikila, Damgulana y Sirtur, procreando con ellas a diferentes deidades. Asimismo es importante señalar que él protagoniza el mito: Enki y el dragón Kur, donde se cuenta como éste último, mítico dragón que regía sobre el Abzu ―el Océano Primordial que se encontraba bajo la tierra― rapta del cielo a la diosa Ereshkigal; molesto por tal acción, Enki se embarca y se dirige a su encuentro, desatándose una furiosa lucha, de la cual sale vencedor «el señor del fundamento». Tras esto Enki toma la regencia del Abzu y, por tal motivo, su templo principal en Eridu llevaba el nombre de Eabzu.
Ziusudra fabricando el navío
Otros importantes relatos míticos donde figura son: Enki y Ninhursag, donde se narra el comportamiento lascivo y la incestuosa relación que este dios sostiene con sus hijas; así como su curiosidad imprudente, que lo lleva a comer de siete plantas desconocidas, para saber sus propiedades, mismas que enferman gravemente varias partes de su cuerpo y las cuales Ninhursag alivia. Mito del diluvio, donde contrario a la destrucción de la humanidad, decretada por los dioses, avisa a Ziusudra de la catástrofe que va acontecer y lo instruye para que fabrique un enorme navío en el cual salvarse. Finalmente, Descenso de Inanna al mundo inferior, donde él es quien le indica a Ninshubur, fiel sirviente de Inanna, como restituirla a la vida, para que más tarde ella pueda abandonar el mundo de los muertos.
En el plano astronómico las constelaciones de Acuario y Capricornio estaban en relación con él y eran imágenes simbólicas que daban fundamento a la iconografía de esta divinidad. Además, a la región sur de la bóveda celeste se le llamaba el «Camino o Sendero de Enki», mismo que más adelante sería identificado como el Trópico de Capricornio. La valoración numérica dada a este dios fue el 40, colocándolo como la tercera divinidad en importancia en el panteón sumerio-acadio.

Nanna

Relieve de Nanna
con la luna creciente
El nombre significa «Brillante». Dios masculino de la luna y la adivinación. Encabezaba la tríada astral y tuvo un importante culto entre los sumerios y acadios, al punto de ser considerado como heredero de Enlil y An. También era conocido como Zuen «Señor del saber» y Ashimbabbar «Luna nueva». El lugar de culto más importante de esta deidad era el Ekishnugal «Casa de la gran luz» (Lara, 1988, XXVII) o Etemenninguru «Casa cuya alta terraza inspira terror» (http://www.artehistoria.jcyl.es, recuperado junio 14, 2012) localizado en la ciudad de Ur y el cual es uno de los ziggurat mejor conservados hasta actualidad. Además de este recinto contaba con otro en la ciudad de Lagash. Las formas más frecuentes de su representación iconográfica eran: un anciano con cuernos y barba o el símbolo de un creciente lunar.
En la teogonía sumerio-acadia aparece como hijo primogénito de Enlil y Ninlil. Él tenía por consorte a Ningal «Gran señora», con quien concibió a: Utu, Inanna, Ningublaga, Nusku y Numushda. Dos son los mitos en los que este dios participa: Enlil y Ninlil y Descenso de Inanna al mundo inferior. En el primero se relata como su padre, fascinado con la gran belleza de la «Señora del viento», toma por la fuerza a Ninlil en el Canal Principesco de la ciudad de Nippur, cuando ésta se encontraba desnuda tomando un baño. El dios Nanna nace precisamente del estupro cometido por «El señor del viento». En el segundo, Nanna no hace caso a la apremiante petición que le hace Ninshubur, sirviente de Inanna, cuando éste acude al Ekishnugal en Ur, para que él le otorgue nueva vida a su hija, la diosa de la fertilidad, y ella pueda abandonar el inframundo.
Siendo la divinidad lunar, Nanna regía sobre todos los fenómenos naturales o ciclos asociados con este astro, como son: el movimiento regular de las mareas y el período menstrual de las mujeres. En su recorrido por la cúpula celeste, se le representó surcando la lobreguez nocturna sobre una barca. Como miembro de la segunda tríada, el valor numérico que se le otorgó fue el 30, valoración que se encontraba por debajo de los tres miembros de la tríada cósmica, pero precediendo la tríada astral.

Utu

Disco solar de ocho rayos
símbolo de Utu
Dios del sol, titular de la justicia y de los oráculos. También era conocido como Babbar «Resplandecer». Los santuarios de mayor importancia dedicados al culto a esta deidad eran los Ebabbar «Casa resplandor» edificados en las ciudades de Larsa y Sippar. El papel de este dios ganó en importancia al final del período Neosumerio y durante la semitización de Mesopotamia, cuando la Dinastía de Larsa, durante el reinado de Rim-Sin, dominó el tramo meridional del valle fluvial. En estelas y relieves es siempre representado mediante una figura masculina de la cual emanan llamas de los hombros, promulgando leyes y castigando faltas, o a través de un disco solar de ocho puntas.
Dentro de la estructura teogónica sumerio-acadia, Utu es hijo de Nanna y Ningal. Tiene como esposa a Shenirda, con quien procreó a Shakan, divinidad menor y titular del ganado. Los mitos donde tiene una modesta participación son: Enki y Ninhursag, donde se cuenta como estas dos divinidades residen en Dilmun, paraíso terrenal y jardín de los grandes dioses, sin embargo este lugar, en un principio, carece de agua. Entonces Ninsikila, titular de esta tierra pura y limpia e hija de Enki, le reprocha a su padre que no la haya dotado de una fuente de agua fresca. El dios del fundamento pide entonces a Utu haga brotar agua de la tierra para regar el suelo. Es entonces cuando Dilmun se convierte en un jardín magnífico. Otro de los mitos donde él aparece es Mito del diluvio, texto donde se dice como después del torrencial enviado por los dioses, para destruir a la humanidad, Utu salió para dispensar luz al cielo y a la tierra, y sus rayos penetraron en el gigantesco navío de Ziusudra y éste se prosternó y sacrificó un carnero ante él.
Relieve con la figura de Utu
Utu era el segundo dios en importancia dentro de la tríada cósmica, abajo sólo de su padre Nanna, por lo tanto los sumerios y acadios le dieron un valor numérico de 20. En su recorrido diario por la bóveda celeste, se le representaba como un hombre desplazándose sobre un magnífico carro resplandeciente. También era simbolizado con la imagen de la balanza, siempre relacionada con la justicia; y por lo tanto en el cielo nocturno se le asignó la constelación de Libra (Zibanitu, en la astrología mesopotámica).

Inanna

Estrella de ocho punta
simbolo de Inanna

El significado del nombre es «Señora del cielo». Divinidad del amor y la guerra, de la naturaleza y la fecundidad. Otros nombres con los cuales era conocida es: Nininsinna «Señora de Isin», Ninme «Señora de la batalla», Nuugiganna «Hieródula celestial» o Usunzianna «Excelsa vaca del cielo». Entre los acadios fue llamada Ishtar. Los lugares donde se le rendía culto eran siete: el Eulmash en la ciudad de Agadé, el Khursagkalamma en Kish, el Baratushharra en Nippur, el Esharra en Adad, el Gigunna en Zabalam, el Emushkalamma en Badtibira y el Eanna en Uruk, siendo éste último el de mayor importancia y donde se adoraba también a An. Los siete recintos son mencionados en Descenso de Inanna al mundo inferior.
La diosa era representada con un tocado con cuernos, vistiendo un kaunakes (vestimenta sumeria que en la mujer cubre desde los hombros para abajo, cuya vista de lana parece llena de curvaturas http://www.arteespana.com/artesumerio.htm, recuperado junio 14, 2012), con alas extendidas a su espalda, apoyando un pie o los dos sobre un león, un león alado o un tigre y portando en la mano izquierda el caduceo (vara en la cual se enroscan dos serpientes).
Relieve de Inanna
Inanna era la tercera divinidad en importancia de la tríada cósmica, por debajo de su padre Nanna y su hermano Utu. Los sumerios y acadios le dieron un coeficiente numérico de 15 y, en ocasiones, acompañaron la imagen de la diosa con una estrella de ocho puntas, símbolo del planeta Venus. Esta relación astral se extendió a las mitologías cananea y grecolatina, en las cuales Astarté y Afrodita compartieron dicho atributo.

Referencias bibliográficas
KRAMER, Samuel Noah. La historia empieza en sumer, tr. Jaime Elías. Barcelona, Ediciones Orbis, S. A., 1985.
LARA PEINADO, Federico (comp.). Himnos sumerios. Madrid, Tecnos, 1988 (Clásicos del pensamiento 50).
ROAF, Michael. Mesopotamia. Barcelona, Folio, 2005 (Grandes civilizaciones del pasado).

Referencias electrónicas
El arcón de Clío. "Historia Universal. Media Luna Fertil. Religión". Recuperado el 14 de junio de 2012 de http://www.elarcondeclio.com.ar/recursos/culturas.php?cul=2&tem=4
Arte historia. "Zigurat de Ur". Recuperado el 14 de junio de 2012 de http://www.artehistoria.jcyl.es/fichas/obras/7598.htm
Arte España. "Arte Mesopotámico. Arte Sumerio". Recuperado el 14 de junio de 2012 de http://www.arteespana.com/artesumerio.htm

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